03/10/2022
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Cinco datos sobre Santa Teresa Benedicta de la Cruz a sus 80 años de su muerte

Hoy se celebra la fiesta de santa Teresa Benedicta de la Cruz (Santa Edith Stein), una de las mujeres patronas de Europa y mártir del siglo XX. Nacida en Breslavia, un 12 de octubre de

Hoy se celebra la fiesta de santa Teresa Benedicta de la Cruz (Santa Edith Stein), una de las mujeres patronas de Europa y mártir del siglo XX. Nacida en Breslavia, un 12 de octubre de 1891, es la más pequeña entre 11 hermanos de una familia judía. Su inquietud intelectual la llevó a convertirse en maestra de filosofía y en su paso por las universidades de Breslau y Gottinga mantuvo cierta indiferencia con la religión. Fue discípula del filósofo Edmund Husserl, y luego de haberse graduado en filosofía en 1916, fue auxiliar del mismo durante un breve tiempo.

Recibió el bautismo y se convirtió al catolicismo en época de la Segunda Guerra Mundial. Dio clases en distintas instituciones católicas a la espera de entrar en el convento de las Carmelitas de Colonia. La Gestapo irrumpió en el convento y, junto con otra hermana, fue llevada al campo de concentración de Westerbok. El 7 de agosto de 1942 fue llevada con un millar de judíos hasta Auschwitz, en cuyas cámaras de gas murió el día 9, hace justo hoy 80 años.

En este día en que se conmemora su muerte, desde Voces Católicas compartimos cinco datos sobre su vida y sus escritos que pueden ser una referencia para la vida cristiana de hoy. 

La búsqueda de la verdad

Su estudio de la filosofía, de las humanidades o de la historia forma parte de una vida unificada, aunque su bautismo no llegará hasta enero de 1922. Para ella su paso por diferentes universidades y su acceso a la docencia y a la investigación… forma un todo con lo que vivirá tras su conversión. “Mi anhelo por la verdad era ya una oración”, escribió uniendo la mística con el estudio riguroso. 

La conversión, la reconciliará con su tradición, aunque desde una heterodoxia para muchos. Cuando en casa dijo: “Mamá, soy católica” , ambas se pusieron a llorar. Entonces, Hedwig Conrad-Martius –otra de las pensadoras de la escuela fenomenológica– escribió: “Mira, dos israelitas y en ninguna de ellas hay engaño”. Interreligiosidad en camino y ecumenismo de sangre.

El reto de ser mujer

En su época estudiantil militó en el feminismo radical. Para ella, “el alma de la mujer debe ser amplia y abierta a todo lo humano”. Entre sus temas de estudio destaca la cuestión de la mujer. “Ser madre significa nutrir y proteger la verdadera humanidad y llevarla a su pleno desarrollo”, escribió en el libro ‘El significado del valor intrínseco de la mujer en la vida nacional’. En tanto, en ‘El ethos de las profesiones femeninas’ aseguró que toda profesión “en la que el alma de una mujer es dueña de sí misma y que puede ser realizada por el alma de una mujer es auténtica profesión femenina”. 

En lo referente a la vida espiritual defendió que “toda mujer que vive a la luz de la eternidad puede cumplir su vocación, independientemente de que sea en el matrimonio, en una orden religiosa o en una profesión mundana”.  Finalmente, denunció la actitud pasiva de la mujer en la Iglesia: “La Iglesia nos necesita, es decir el Señor tiene necesidad de nosotras. Todo parece indicar que hoy llama el Señor a un gran número de mujeres para el ejercicio de tareas especiales en su Iglesia”.

La intimidad con Dios

La primera vez que sintió curiosidad por el cristianismo fue al ver cómo una aldeana entraba a la catedral de Frankfurt con la cesta de la compra mientras recorría los puestos del mercado. En comparación a lo observado en judíos y protestantes que acudían a la sinagoga o al templo durante el horarios de las celebraciones litúrgicas; ver cómo aquella sencilla mujer entraba en una iglesia en un momento cualquiera y era capaz de sumergirse en la intimidad de Dios en un rato de oración en la soledad del templo, la impresionó.

La lectura de la Vida de Santa Teresa de Ávila la ayudaron a convencerse de la verdad del catolicismo. El primer día del año 1922 recibió el bautismo y asumió el nombre de Theresia Hedwig. Entre 1923 y 1931 enseñó en el Instituto de Santa Magdalena de Speyer, perteneciente a la orden dominicana, y vivió junto a las monjas como una de ellas. En 1932 fue llamada al Instituto Germánico de Pedagogía Científica de Münster. Su actividad pública, sin embargo, se vio bruscamente interrumpida por el principio de la persecución contra los judíos. Con una humildad conmovedora pidió ser admitida en el convento de carmelitas de Köln-Lidenthal. En el acto de la toma de hábito, en abril de 1934, le fue impuesto el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.

Una vocación contemplativa

Tras unos años de espera, incertidumbre y esfuerzos por entrar a las Carmelitas, Teresa estuvo dispuesta desde el primer momento a vivir su vida cristiana con radicalidad. “Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella”, dijo al entrar. En el recordatorio de la profesión perpetua quiso que estuviera una significativa frase de san Juan de la Cruz: “que ya solo amar es mi ejercicio”.

Una vocación contemplativa que siguió vinculada al estudio y a la investigación científica, escribiendo algunas obras. Se dedicará entonces a lo que llamó “la ciencia de la Cruz”.

Precisamente en el Carmelo de Echt, cada 14 de septiembre, la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, las carmelitas renovaban sus votos y la priora ofrecía una reflexión que pidió a Edith que la escribiera. Tan profunda era, que lo hará durante todos los años de su permanencia en allí. “Tu Amor misericordioso, Amor del corazón divino, te lleva a todas partes donde se derrama su sangre preciosa, suavizante, santificante, salvadora. Los ojos del Crucificado te contemplan interrogantes, examinadores. ¿Quieres cerrar nuevamente tu alianza con el Crucificado? ¿Qué le responderás? ¿Señor, a dónde iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”, escribió en una de esas ocasiones.

Su vida, síntesis de los dramas de un siglo

Esta particular expresión la utilizó Juan Pablo II en la celebración de la beatificación, que se celebró en Colonia el 1 de mayo de 1987. El papa polaco, que bien conocía la historia de la carmelita decía que “nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo”.

En este sentido, señalaba que “la síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy…; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios”. La síntesis de la cruz: “Una scientia crucis —ciencia de la cruz— solo se puede adquirir si se llega a experimentar a fondo la cruz”, escribió.


FUENTE: Vida Nueva

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