03/07/2020
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Columna Magdalena Lira – Sacerdotes y religiosas en Africa: “Médicos de cuerpo y alma”

Todos estamos viviendo la realidad y las consecuencias de la pandemia del coronavirus en nuestras vidas y en las del mundo entero. Padecerlo en primera persona nos ayuda a conectarnos más con los que más están sufriendo, aunque

Todos estamos viviendo la realidad y las consecuencias de la pandemia del coronavirus en nuestras vidas y en las del mundo entero. Padecerlo en primera persona nos ayuda a conectarnos más con los que más están sufriendo, aunque físicamente los tengamos lejos. Como en África, un continente donde vastas regiones no están preparadas para hacerle frente al temido COVID 19. En ese continente, el 36% de la población no puede lavarse las manos en su casa, algo fundamental para prevenir el contagio. Además, el 56% de los africanos viven en barrios marginales, hacinados, lo que facilita el crecimiento de la enfermedad. Pero ellos no están solos. Miles de religiosas y sacerdotes están ahí. Son verdaderos “médicos de cuerpo y alma”, que consuelan, curan, enseñan y alimentan física y espiritualmente a su pueblo.

Frente al miedo y a la incertidumbre, ellos son portadores de esperanza. Por ejemplo en Níger, las hermanas de la Fraternidad de Sirvientas de Cristo elaboran jabón y mascarillas para proteger a 500 mujeres y niños que atienden en su Centro de Nutrición. Para muchos, adquirir estos insumos sería imposible. En Burkina Faso, donde los cristianos son perseguidos por grupos yihadistas islámicos, las hermanas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón instalaron una «estación de sanitización» en el patio de su convento. Enseñar y promover las medidas básicas de higiene es fundamental para evitar los contagios.

En África, gran parte de la población no tiene acceso ni a la televisión ni a internet. Por eso, la radio es el canal principal de comunicación. En República Democrática del Congo, la Radio Ditunga, que llega a unos 5 millones de personas, ha organizado un programa escolar, ya que las escuelas están cerradas desde marzo. “Esta es una experiencia totalmente nueva en nuestro entorno”, admite el Padre Apollinaire Cibaka. “Empezamos a trabajar con el centro educativo católico La Robertanna. Como aquí tenemos un total de 153 familias con niños, compramos y entregamos a cada una de ellas una pequeña radio. Hay dos horas de clases al día”. Uno de los retos será “asegurar la implicación de los padres, especialmente los analfabetos”.

Estos son solo algunos ejemplos de amor al prójimo en este momento difícil. Con una sola voz testifican las palabras de San Pablo: «Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él» (1 Cor 12:26).

En África, la Iglesia ha acompañado y seguirá acompañando a las personas. Religiosas, misioneros y sacerdotes sufren con ellas, experimentando en carne propia las difíciles pruebas que afrontan. Su presencia significa la única esperanza de sus comunidades; una compañía y una ayuda para sobrevivir. En esta crisis, la fe de millones de personas consuela nuestros corazones. Desde las celdas de un convento benedictino en Etiopía a las dominicas en Angola, comunidades de religiosas en muchos países se han unido en una oración incesante, para que el mundo supere este terrible momento y para que nadie sufra o muera solo. 

Magdalena Lira Valdés
Directora Nacional de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Chile)
Vocera Fundación Voces Católicas