27/05/2020
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Columna Sofía Brahm – Dejemos que los viejos sueñen

La modernidad, con sus ritmos acelerados y su valoración de la eficiencia ha estereotipado la vejez como una etapa de enfermedad, inutilidad y decadencia. Con la actual crisis sanitaria este estereotipo se ha profundizado y se ha llevado

La modernidad, con sus ritmos acelerados y su valoración de la eficiencia ha estereotipado la vejez como una etapa de enfermedad, inutilidad y decadencia. Con la actual crisis sanitaria este estereotipo se ha profundizado y se ha llevado hasta el extremo. De pronto nos hemos visto a nosotros mismos preguntarnos si tiene sentido atender a un anciano cuando éste, debido a su edad, igual debería morir dentro de poco. Y se nos olvidó que los viejos son diversos unos de otros y que ellos también pueden aportar y pueden soñar.

Durante una visita a un hogar de ancianos Benedicto XVI señaló que la calidad de una civilización se juzga por cómo se trata a los ancianos y por el lugar que se les reserva para la vida en común (12.9.2012). Nuestras sociedades son sociedades de viejos. La esperanza de vida alargada y las bajas tasas de natalidad han invertido la pirámide demográfica haciendo de la presencia de tantos ancianos un signo de nuestros tiempos.

Si para los Estados la situación demográfica plantea inmensos desafíos económicos, la sociedad civil necesita de los valores de la vejez para ganar en tiempo, en amplitud, en dirección y en profundidad. Contar con ellos nos puede humanizar. Frente al tener consumista y el hacer eficiente los ancianos nos entregan una visión más completa de la vida, captando la superioridad del ser por sobre el hacer y el tener.

Dejemos que los viejos participen más en la vida en común pues los necesitamos. Como dice tan bellamente el Papa Francisco, dejémoslos también soñar (23.10.2018). No llevemos dentro de nosotros el virus de la muerte descartando a nuestros ancianos. Más bien recordemos que tanto los ancianos como todos nosotros necesitamos sentirnos valorados por los demás. Y cuando dejemos que nuestros viejos sueñen, nosotros podremos ser jóvenes que no le temen a la vida ni al pasar del tiempo pues sabremos que para algunos luchar por algo valió la pena.

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