21/09/2020
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Columna Jorge Blake – Del estallido a la pandemia: El mito de la normalidad

«Tu normalidad me violenta». Se trata de unas de las tantas expresiones popularizadas en el contexto del estallido social en Chile. Algunos se preguntaban entonces, cegados por sus privilegios: ¿No vivimos acaso una misma ‘normalidad’? ¿Por qué de

«Tu normalidad me violenta». Se trata de unas de las tantas expresiones popularizadas en el contexto del estallido social en Chile. Algunos se preguntaban entonces, cegados por sus privilegios: ¿No vivimos acaso una misma ‘normalidad’? ¿Por qué de pronto se la acusa de violenta? 

Desde hace algunos años, el reconocido médico húngaro Gabor Maté viene dictando una conferencia titulada ‘el mito de la normalidad’. En ella, Maté cuestiona la separación tajante que se hace entre ‘personas normales’ y enfermas en el campo de la salud mental. Para el médico, en cambio, ‘todos estamos dentro de un continuo’ y ‘la normalidad es una cuestión contextual’.  

Todo mito tiene su origen en la implacable necesidad humana del control: mediante la mitología, las sociedades lidian con las fuerzas desconocidas e inapresables de su entorno, construyendo relatos que permiten darle un sentido organizador a experiencias para las cuáles, en último término, no tenemos explicación. A su vez, la antropología y la sociología nos han enseñado que el mito no es solo un recurso de las ‘sociedades primitivas’. La modernidad también está plagada de mitos.

La creencia en una distinción nítida y estable entre normalidad y anormalidad tiene, sin duda, un carácter mitológico. Habla de nuestra necesidad de controlar la complejidad que nos rodea y estabilizar su significado: normalizar. De otro modo, estaríamos atrapados permanentemente en un angustiante estado de cuestionamiento, inciertos ante las cosas, paralizados, incapaces de asumir la realidad que percibimos como algo durable.

En realidad, lo ‘normal’ es mucho más voluble, heterogéneo y frágil de lo que creemos (o de lo que estamos dispuestos a aceptar). Si seguimos a Maté, debemos admitir que la normalidad es una cuestión completamente dinámica y contextual. Aunque los seres humanos manifestamos una clara tendencia a normalizar la realidad, dando un significado ‘fijo’ a ‘lo normal’, también podemos reconocer en nosotros la tendencia ‘desnormalizar’. Esta última es una palabra que se ha vuelto cada vez más habitual en el lenguaje común (paradójicamente, se ha vuelto cada vez más normal).

En noviembre pasado algunos académicos señalaban, en relación con el estallido social, que el repudio al regreso a la ‘normalidad’ se había transformado en un eje estructurante en casi todas las marchas, manifestaciones y confrontaciones callejeras. Se decía que, desde distintas veredas y en diferentes grados, los chilenos se habían cansado de la normalidad tal como se conoce, detrás de la cual se encontraba oculto el abuso, la desigualdad y la desprotección social. Todo ello comenzaba justamente a desnormalizarse. El desprecio, se decía, es contra una normalidad violenta y excluyente, erigida tras la pintoresca fachada del ‘oasis’. Mientras tanto, otros llamaban insistentemente a no ‘normalizar la violencia’, a veces queriendo comparar irrisoriamente aquella ejercida por la ‘primera línea’ con la de las fuerzas policiales. Cualquiera sea el caso, sabemos que la noción de ‘normalidad’ ocupó un lugar protagónico en nuestro modo de procesar los acontecimientos. Muchos señalaron que después del 18-O, Chile era otro país y que, por tanto, no volveríamos ya a la normalidad que nos precedió.

Después de casi cuatro meses del estallido, cuando el mito de la normalidad parecía volver a cubrir a algunos en su ensoñación, vino nuevamente la disrupción más insólita a tocar la puerta de nuestra vida cotidiana; esta vez bajo la forma de una pandemia llamada Covid-19. Han sido numerosos los intelectuales que durante las últimas semanas han ofrecido sus reflexiones acerca de la inédita emergencia sanitaria por la que atravesamos. No puedo evitar reconocer a través de estas reflexiones un hilo conductor: nuevamente, el de la crisis del mito de la normalidad, expresada desde múltiples aristas y contextos. Permítanme algunos ejemplos.

Yuval Noah Harari ha señalado que sobreviviremos a la tormenta, pero que desembarcaremos en un nuevo mundo, ‘dado que muchas de las medidas actuales de emergencia tendrán que establecerse como rutinas fijas’. Nuevos modos de saludarnos o el uso corriente de mascarillas en lugares públicos -cuestión normal en China desde antes de la pandemia- puede llegar a formar parte de nuestras interacciones diarias. Y eso es lo de menos. En efecto, el autor israelí considera que ‘las decisiones que tomen los gobiernos y pueblos en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo que tendremos en los próximos años. No solo formatearán nuestros sistemas de salud, sino también nuestra economía, la política y la cultura’. Así, según Harari, nuestra nueva normalidad bien podría adoptar la forma de la ‘vigilancia totalitaria’ o del ‘empoderamiento ciudadano’; del ‘aislamiento nacionalista’ o de la ‘solidaridad global’.

Byung-Chul Han ha observado sagazmente los efectos de la pandemia sobre nuestra comprensión normal de la soberanía, comparando a Asia con Europa en su gestión de la crisis. Para el filósofo surcoreano, en la era digital es soberano quien dispone de datos. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Mientras que Europa proclama el estado de alarma o cierra fronteras, conteniendo a duras penas la pandemia, en Asia las epidemias las combaten los informáticos y los especialistas en macrodatos. El filósofo también ha expresado preocupación, al igual que Giorgio Agamben, acerca de la tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno.

David Harvey, el notable geógrafo británico, comenzó recordándonos lo esencial: ‘La forma en que los seres humanos interactúan entre sí, se mueven, se disciplinan u olvidan lavarse las manos afecta a la forma en que se transmiten las enfermedades. Sin dudas, los virus mutan todo el tiempo. Pero las circunstancias en las que una mutación se vuelve una amenaza mortal dependen de las acciones humanas’. Luego, con la lucidez que lo caracteriza, Harvey ha hecho varias observaciones brillantes. Ha señalado que la base del actual modo de consumo depende a su vez de una economía que funciona mediante una permanente y acelerada circulación del capital. Concretamente, esto significa que millones de insumos, productos y consumidores deben desplazarse constantemente por todo el mundo para sostener el ritmo de producción y consumo que se han vuelto normales para los países más ricos. Esa economía global de la circulación del capital es un tren que marcha a toda velocidad a través del planeta y que se pronto se estrelló con las inéditas restricciones de movimiento. Pasamos así de la normalidad del capitalismo en movimiento, al desconcierto de la vida detenida o, si se quiere, del consumo con movilidad restringida.

En Chile también ha habido varias reflexiones siguiendo el mismo hilo conductor de la crisis de la normalidad. Una particularmente notable ha sido la de Daniel Mansuy (‘El regreso de los límites’). En ella, Mansuy no habla directamente del mito de la normalidad, sino de otro que constituye el corazón de la ‘normalidad moderna’ y que él explica magistralmente: aquél del progreso infinito, que bien podría ser llamado también el ‘mito de la libertad ilimitada’ o ‘el mito del control total’. Se trata de la creencia en la capacidad de la Modernidad de emprender una conquista de la naturaleza (y de toda la realidad) sin ninguna limitante. Por detrás, este mito habla de la tendencia humana a constituir una normalidad que omite nuestra finitud y va progresivamente, en lo cotidiano, olvidando el misterio que rodea nuestra existencia y que trasciende ampliamente nuestra comprensión. En este sentido, la pandemia ha vuelto a poner en nuestra rutina la conciencia sobre nuestra limitación, la indisponibilidad de la naturaleza (esta vez en la forma de un virus) y la impredecibilidad del futuro.

Tendemos a olvidar -quizás necesitamos olvidar- que la más férrea e implacable normalidad es en realidad el cambio. Pero aceptar dicha verdad parece ser demasiado angustiante. Hoy es normal estar en hasta 10 grupos de Whatsapp (aplicación que tan solo existe hace 10 años). Hace seis meses era normal subirse al Metro en estación Baquedano. Antes de la pandemia, para muchos era normal no echar de menos a sus padres, hermanos, sobrinos o nietos, por la posibilidad siempre latente de ir a visitarlos. ¿Nos acostumbraremos, dentro de un plazo de 5 a 10 años (o quizás mucho menos) a que el gobierno vigile nuestra temperatura corporal cada vez que queramos ingresar a una estación de metro? ¿A utilizar aplicaciones móviles para detectar la probabilidad de que las personas que nos rodean en el vagón representen una amenaza viral o, aún más preocupante, una amenaza en general?

¿Cómo y cuándo dejó de ser ‘normal’ nuestra ‘normalidad’?Recordando a Gabor Maté, descubrimos que hemos vivido largamente (y vivimos todavía) sumidos en su mito. Desenmascararlo puede parecer dramático, amenazante o peligroso. Sin embargo, hacerlo también puede ser un proceso esperanzador, que suscite en nosotros una renovada sensibilidad espiritual, para contemplar con otros ojos la fragilidad de lo que damos por supuesto y que creemos imperecedero; desde lo más elemental y pedestre (pienso en el simple ‘salir a caminar un domingo’) hasta lo más complejo y elaborado. Para muchos, el estallido del 18 de octubre propició nuevos niveles de empatía social y conciencia política, a la vez que generó un despertar sobre la injusticia y la desigualdad. ¿Qué despertará en nosotros esta pandemia? Nadie puede asegurarlo. Sabemos que el mundo necesita (mitológicamente) volver a la normalidad, pero desconocemos de que estará hecha esa ‘nueva normalidad’. Queda lo obvio: haríamos bien en enfrentarla más conscientes de la fugacidad de nuestra existencia.

Referencias

La emergencia viral y el mundo del mañana. https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

El mundo después del coronavirus. https://www.clarin.com/revista-enie/mundo-despues-coronavirus-harari_0_1qwbONv31.html

La Política Anticapitalista en la Epoca del COVID-19. https://reddigital.cl/2020/03/22/la-politica-anticapitalista-la-epoca-del-covid-19/

El regreso de los límites. https://www.ieschile.cl/2020/03/el-regreso-de-los-limites/

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