02/12/2020
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El valor simbólico del templo

En Chile estamos atravesando un momento histórico, donde se combinan esperanzas y anhelos, junto a polarización, temores y repudiables actos de violencia. Las imágenes de ayer nos impactaron a una gran mayoría de los chilenos.

En Chile estamos atravesando un momento histórico, donde se combinan esperanzas y anhelos, junto a polarización, temores y repudiables actos de violencia.

Las imágenes de ayer nos impactaron a una gran mayoría de los chilenos. Dolorosas y fuertes. Esos templos quemados van más allá de sus edificios. Cuántas historias llevan entre sus muros. Ahí muchos iban por la calle y pasaron, sin necesariamente ser católicos, a aliviar su angustia en momentos de dolor. Ahí muchos pidieron la bendición de Dios para su amor, en ese lugar celebramos la vida con la llegada de un nuevo hijo a la Iglesia y despedimos a nuestros seres queridos. Al destruirlos de alguna manera se pasaron a llevar tantas historias, rostros, alegrías y dolores.

Esto no es una defensa a “lo católico”, es una defensa a respetar las creencias, convicciones y fe de los otros, vengan de donde vengan. Es legítimo querer cambios, y soñar con un Chile más justo, equitativo y solidario, en el que todos encontremos nuestro espacio y nos sintamos representados. Sin embargo, eso no justifica la violencia que presenciamos ayer. Es imposible pedir respeto y tolerancia y al mismo tiempo atropellar esos mismos principios. Los responsables deslegitiman su propia voz.

Es verdad, la iglesia católica está lejos de ser perfecta y nunca lo será porque está conformada por seres humanos, la santidad es de Dios. Y es verdad, en el último tiempo nosotros mismos hemos dañado nuestra imagen y hemos producido dolor. Pero justamente porque somos débiles necesitamos estos espacios sagrados para acudir con humildad a ese encuentro con Dios.

Condenamos la violencia y pedimos respeto por la fe de cada persona, sea cual sea. Necesitamos abrirnos a las creencias, estilos y singularidades de cada uno, son ellas las que nos caracterizan como seres humanos, son ellas las que enriquecen a una sociedad. Jesús en el evangelio dijo que había venido a traer fuego a la tierra, fuego del amor, de la unión, de su propio Espíritu. Ese es el fuego que debemos buscar, ese fuego es el que nos sanará.

Por: María de los Ángeles Errázuriz, Directora Ejecutiva de la Fundación Voces Católicas

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