25/01/2021
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La multa de optar por la vida

La reciente legalización del aborto libre en Argentina nos ha mostrado, una vez más, que tantos años de lobby pro vida en diferentes partes del mundo no logran su fin en el largo plazo. Probablemente la

La reciente legalización del aborto libre en Argentina nos ha mostrado, una vez más, que tantos años de lobby pro vida en diferentes partes del mundo no logran su fin en el largo plazo.

Probablemente la razón de este resultado está en que los que defendemos la vida desde su concepción nos hemos enfocado en evitar la legalización del aborto, y hemos descuidado los motivos que llevan a una mujer a tomar una decisión de este tipo. Y es que para muchas de quienes se enfrenten a ese dilema, optar por la vida implica enfrentarse a una sociedad hostil que no siempre las acoge y que incluso las penaliza.

Tal como existe la multa por la pobreza, en la que una persona de menos recursos paga más caro los mismos productos y servicios que aquellos con más recursos, una mujer que enfrenta la encrucijada entre abortar o no, en su evaluación se encontrará que la segunda opción encuentra más “contras” que “pro”. Posiblemente sufrirá discriminación en su trabajo, o si es joven en su colegio, por el embarazo. Si está sola deberá asumir mayores gastos, su desarrollo profesional le costará el doble, perderá libertad y su proyecto de vida se verá modificado. En pocas palabras, en vez de ser premiada por no abortar, será multada por esa opción.

No hablamos de ser buena o mala persona, sino que, mirando los datos, parece ser que es nuestra sociedad la que no acoge esa vida, creando obstáculos que dificultan valorar las implicancias que significarán la decisión de esa mujer.

Entonces, más que lamentarse por la decisión que tomó el Senado argentino, debemos hacernos cargo de las necesidades de esa madre que está pensando en abortar y generar las condiciones necesarias para que sea una opción real seguir adelante con su embarazo.

Primeramente tendremos que hacer un cambio cultural en nuestra sociedad para generar incentivos hacia la vida, evitando cualquier tipo de discriminación. Será necesario aumentar el financiamiento a Fundaciones que acompañan esa opción desde la gestación, para que sean más, lleguen a más lugares y entreguen compañía a más mujeres.

Deberemos agilizar y simplificar la ley de adopción, para que más familias, que puedan y quieran cuidar de esos niños, puedan hacerlo. El Estado tendrá que crear subvenciones para acompañar y cuidar las dos vidas, y los ciudadanos tendremos que invertir parte de nuestros impuestos en ello.

Y especialmente deberemos promover las Familias de Acogida con mayor fuerza, pues mientras todo lo anterior sucede seremos nosotros los que cuidaremos de esos niños y niñas que requerirán protección en la transición hacia soluciones definitivas.

Si dejáramos de multar la opción por la vida e implementamos soluciones reales, masivas y accesibles para acompañar las decisiones de aquellas mujeres que enfrentan el dilema, entonces por fin como sociedad defenderíamos la vida. Y tal vez en el momento de esa crucial decisión, muchas mujeres podrían optar por continuar su embarazo en paz, libertad y protegidas, independientemente de la existencia, o no, de una eventual ley.

Por: Pablo Vidal, Vocero de Voces Católicas y Familia de Acogida

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