24/06/2021
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“El debate sobre la eutanasia se trata sobre todo de ver qué nos pasa con el sufrimiento, la muerte y los vulnerables”

La doctora y vocera de Voces Católicas ha vivido en primera persona la crisis sanitaria y humanitaria provocada por el coronavirus. Atendiendo pacientes en fases terminales en el Hospital Sótero del Río, convive a diario

La doctora y vocera de Voces Católicas ha vivido en primera persona la crisis sanitaria y humanitaria provocada por el coronavirus. Atendiendo pacientes en fases terminales en el Hospital Sótero del Río, convive a diario con la muerte. Una perspectiva valiosa para conversar y reflexionar sobre la eutanasia. 

¿Cree que es un tema del que se debería lesgislar?

Es difícil la pregunta porque el otro día hablaba con el jefe de cirugía del Hospital Sótero del Río, que no es católico ni nada. Entonces le pregunté, qué pensaba él de esto (la eutanasia). Y él me dice, mire doctora, la eutanasia no existe porque cuando un paciente quiere rechazar un tratamiento lo rechaza, cuando nos damos cuenta que no podemos seguir haciendo cosas por ellos, dejamos de hacerlas. Entonces en verdad no tenemos necesidad de la eutanasia propiamente tal. Si uno lo mira desde el punto de vista médico me parece que no hay una necesidad de legislar. 

¿Pero cree usted que se debe tener en cuenta sólo el punto de vista médico para legislar? 

No, no lo creo. Y ese es el punto. Hay otras aristas por las cuales en una sociedad como la que vivimos, se hace por lo menos necesario, que este tema esté en la discusión pública. Ahora si se debe legislar o no, lo que pasa es que la única forma de legislar es aprobarla de alguna manera. Entonces legislar es sinónimo de despenalizar o legalizar con determinadas condiciones. Este tema se trata sobre todo de ver qué nos pasa en esta sociedad con el sufrimiento, qué nos pasa con la muerte, que nos pasa con los vulnerables, con los que solamente requieren de nosotros cuidado y alivio. 

En nuestra sociedad parece contraintuitivo oponerse a que las personas puedan decidir matarse. ¿No le parece?

Claro, vivimos en esta cultura. No es la misma de hace dos siglos atrás. Esta sociedad es plural. Los católicos no podemos pensar que vivimos en una cultura católica. Ahí entra el tema de cómo regulamos y pensamos la forma de vivir juntos. Pero si me dicen a mí metamos a la ley la eutanasia, yo digo metamos a la ley a los vulnerables y al sufrimiento.

¿Considera que hay una dificultad mayor al estar en su lado del debate?

Sin duda, porque todos estamos influenciados culturalmente, a todos nos pasa que nos provoca cierta repugnancia que alguien nos diga que no puedo hacer algo. Nos produce rechazo a todos, da lo mismo si son católicos o no. Por eso, se vuelve más complejo porque la ley también tiene un elemento de educación. O sea, si está en la ley con el tiempo lo vas a entender como algo que está bien. 

¿Qué relevancia tiene el factor económico?

Estaba leyendo un artículo de Canadá, donde tienen suicidio médicamente asistido y el ahorro que hacen en ese país gracias al suicidio es enorme. Ese tema es importante porque en la medida que vas normalizando y legalizando este tipo de cosas, ahorras plata. Y eso es ser realista. Si las personas empiezan a usar la eutanasia a los 70 o 75 años, te ahorras pensiones, te ahorras cuidados. El tema económico pesa demasiado, nos guste o no. 

¿Cree usted que los incentivos están puestos en favor de la eutanasia?

Esto da para hacer una película de ciencia ficción, piensa en 30 años más con la eutanasia y el suicidio asistido legalizados ¿para qué vamos a vivir después de los 70 o 75 años? Este es un problema que nos toca a todos, es cosa de pensar en cómo vemos al que no produce en esta sociedad. No los valoramos. Esa mentalidad ya la tenemos y en ese sentido la eutanasia y el suicidio médicamente asistido son rasgos propios de nuestra cultura. 

Entonces desde el punto de vista cultural parece hasta natural la eutanasia ¿por qué no legalizarla?

Para mí hay un argumento que es súper potente y que tiene que ver con el “matar al inocente”. Hay algo en nosotros que se rebela ante matar a otro. Piensa incluso lo que nos pasa con matar en defensa propia o si llegásemos a atropellar a alguien en la calle. Matar al otro es un límite difícil de atravesar. 

¿Eso lo dice desde el punto de vista del médico que tiene que posibilitar la eutanasia?

No, también de la sociedad. Como sociedad decimos, vamos a matar a esta persona. 

Pero en la eutanasia es el propio “enfermo” el que decide morir ¿Igual podemos hablar de matar?

Hay una diferencia entre el suicidio asistido y la eutanasia. En el suicidio médicamente asistido, el médico prepara todo el escenario. Le provee las pastillas, por ejemplo. Pero el que se toma la pastilla es quién pide el suicidio. En la eutanasia siempre es un tercero el que da la droga al otro, por lo general a través de una inyección letal. Ahora en el proyecto que hay en Chile dice que debe ser por petición del paciente. Pero hay otros países en que han avanzado a que también puedan ser terceros los que pidan la eutanasia.  

Entonces en el caso específico de personas que están muy mal y no quieren seguir viviendo ¿Por qué estar en contra?

Cuando uno mira la experiencia internacional, hay un porcentaje que suelen ser varones, jóvenes, de estrato económico alto, que uno haga lo que haga, mantienen su decisión. Es un porcentaje pequeño, pero existe. Esa es una situación respecto a la libertad de una decisión. Ahora, cuando hablamos de un hombre como el que tuvimos hace poco en el hospital, que tenía 70 años, hospitalizado, solo, sin esposa, sin hijos, sin casa donde llegar. Para esa persona, sinceramente creo que no había otra opción. No había libertad en su decisión. 

La eutanasia es principalmente una decisión personal. Pero ¿qué papel juega en el entorno?

Yo no creo que el deseo de morir sea de por sí algo malo. Me ha pasado con muchos pacientes que están con enfermedades terminales que me dicen yo ya cumplí con mi vida, no le tengo miedo a la muerte y quiero descansar. Entonces creo que hay que perderle el miedo a la muerte. El problema es cuando ese deseo de muerte viene de sentirse una carga, viene de la desesperación y viene de la cultura en la que vivimos. Si no produces no sirves, y tenemos muy incorporado eso de que si no puedo hacer las cosas no valgo. La pregunta es ¿cómo nos hacemos cargo de esas personas que están solas? Que no las estamos viendo y que muchas veces nos dan lo mismo. El problema es que con la eutanasia  la solución que le damos es un poco bruta, es que te mueras porque no podemos hacer nada por ti. 

Pero si no es la eutanasia ¿Qué solución podemos darle a esas personas vulnerables, solas, enfermas?

Creo que hay muchas personas dispuestas a acompañar. Si fuéramos capaces de construir redes de protección para las personas más allá de las familias, con esta vida de barrio que solemos ver con nostalgia, creo que eso cambiaría un poco las cosas. Lo último y más profundo creo tiene que ver con las fuentes de sentido. ¿Por qué creo que es bueno estar vivo? Muchas veces los motivadores de sentido están muy fuera: Los hijos, mi esposa, el trabajo. Y si no tengo nada de eso ¿no hay sentido? Mi vida no es valiosa únicamente por tener a otros, hay cosas interiores que igual te pueden decir que tu vida es valiosa, a pesar que todo lo exterior te puede decir lo contrario. 

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