25/05/2024
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Nuestro vocero Jorge Blake participó de la Asamblea Sinodal del Cono Sur, que se llevó a cabo en la cuidad de Brasilia

Te invitamos a leer la entrevista de nuestro vocero Jorge Blake quien nos entregó más detalles de lo que fue su participación en este encuentro organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM). Hace

Te invitamos a leer la entrevista de nuestro vocero Jorge Blake quien nos entregó más detalles de lo que fue su participación en este encuentro organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM).

Hace algunos días estuviste participando de la Asamblea Sinodal del Cono Sur. Cuéntanos, ¿Cómo fue esa experiencia?, ¿Quiénes participaron y cuáles son los principales temas que se tocaron?

Participar en la asamblea fue un gran regalo y a la vez una gran responsabilidad. Pienso que fue experiencia muy significativa de encuentro, en que como Iglesia Pueblo de Dios nos reconocimos llamados por el Espíritu a retornar a la sinodalidad como modo originario de vivir la fe. Esto implica avanzar hacia relaciones y estructuras eclesiales más participativas y corresponsables, de acuerdo con el principio fundamental de común dignidad de las y los bautizados. Del discernimiento participaron hermanas y hermanos de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. Fue convocada toda la diversidad de carismas y ministerios: laicas y laicos, religiosas y religioso, diáconos, sacerdotes, obispos. De Chile destaco especialmente la participación de varios jóvenes en la delegación, así como de mujeres -religiosas y laicas- con gran liderazgo en diversos ámbitos como la pastoral social, el mundo universitario, la salud, etc. Los temas abordados fueron múltiples, pero todos apuntan a cómo avanzar hacia una Iglesia más sinodal: rol de la mujer, complementariedad de ministerios, participación en la liturgia, etc.

¿Qué conclusiones puedes contarnos de este encuentro?

Son varias conclusiones. Hay dos cuestiones que personalmente me quedaron resonando más: Primero, la urgencia de recuperar la eclesiología del Pueblo de Dios del Vaticano II, actualizada a la luz de la sinodalidad. Esto trae diversos desafíos, tales como profundizar en el alcance de la ministerialidad compartida por el sacerdocio común de los fieles, revisar el derecho canónico desde la óptica de una corresponsabilidad más profunda entre laicos y clérigos, asegurar la participación efectiva de las mujeres en toma de decisiones en la Iglesia y fortalecer la participación en la liturgia. En segundo lugar, la necesidad de recuperar -como práctica preferencial- el desarrollo de procesos de discernimiento comunitario amplios y participativos, tomándolos como instrumento esencial y más propio del desarrollo de la identidad y reflexión eclesial.

Nos imaginamos que los países de la región tienen más de algún tema en común. ¿Cuáles son los desafíos en común que podemos tener como Iglesia latinoamericana?

Destacaría dos grandes desafíos compartidos. En primer lugar, las persistentes y dolorosas situaciones de injusticia, exclusión y violencia que afectan de diversa forma a nuestros países. En este ámbito aparecen problemáticas como la pobreza material, la falta de acceso a oportunidades educativas, la fragilidad de la democracia, la discriminación de pueblos indígenas y la migración forzada por causas climáticas, entre otras. Dentro de estos dolores también aparece el abuso al interior de la propia Iglesia. En segundo lugar, el desafío de la Evangelización en un contexto multicultural y digitalizado. Por un lado, se reconoce un deseo de caminar hacia un encuentro ecuménico fraterno, creciendo en comunión con otras iglesias y credos; por otro, recuperar el vínculo con las juventudes desde sus propias culturas y búsquedas.

Volcándonos al plano local, ¿Cómo ha sido la preparación sinodal en nuestro país? ¿Qué experiencias podrías relevar?

La preparación sinodal en Chile ha consistido en un proceso largo y desafiante de escucha y diálogo. Como todo proceso, tienen sus fortalezas y debilidades. Destacaría positivamente el esfuerzo por generar participación en las comunidades de base, potenciando el rol de los territorios por sobre el de las estructuras centralizadas. En esto, el trabajo sistemático de diversas personas en materia de metodologías participativas ha sido fundamental. También diría que han emergido resistencias naturales, que responden quizás a un cierto miedo al cambio o una desconfianza respecto de los resultados. Haciendo un balance, más que citar una experiencia en particular, destacaría tres principios que han guiado el proceso y que veo cumplidos, aunque siempre es perfectible: 1. Apertura para abordar las temáticas, sin temas prohibidos ni censuras. 2. Convocatorias lo más amplias posibles para asegurar diversidad de participantes y 3. Ambiente de discernimiento en todo momento, primando la escucha del Espíritu por, sobre todo.

Este camino sinodal ha sido por supuesto también parte del sello que el Papa Francisco le quiere dar a la iglesia, una iglesia mucho más cercana, donde todos debemos alzar la voz. ¿Qué te parece y cómo ves que se está desarrollando esto?

La pregunta me parece de gran relevancia. No es exagerado plantear que una de las claves más fundamentales del magisterio de Francisco es la sinodalidad. En esto han habido muchos hitos fundamentales, desde el momento mismo de asumir: cuando el papa se presenta a sí mismo como obispo de Roma, enfatizando la igualdad por sobre la autoridad; cuando opta por vestimentas papales más sencillas, etc. Estos simbolismos refuerzan ideas constitutivas de la sinodalidad, como la comunión y la igualdad bautismal.  Ahora bien, en términos de sinodalidad como práctica eclesial orientada al discernimiento, creo que un hito clave fue el sínodo de 2018 sobre los jóvenes, cuyo proceso participativo previo incluyó una inédita consulta masiva a jóvenes creyentes y no creyentes a lo largo del mundo y la celebración de una reunión presinodal en Roma a la que tam­bién fueron convocados jóvenes de todas las naciones. En mi opinión, desde ese sínodo en adelante el Papa comenzó a redefinir el modo de entender los sínodos y la sinodalidad, proponiendo el sínodo como una instancia eclesial más que episcopal. Todas sus decisiones posteriores en materias de sínodos han seguido esa dirección. Por ejemplo, el Sínodo sobre la Amazonía también contempló una asamblea sinodal más amplia que solo los obispos. Desde esta perspectiva, este sínodo sobre sinodalidad es casi una consecuencia lógica del proceso iniciado hace varios años. Coherentemente, al encuentro en Roma asistirán también laicas y laicos, por ejemplo. Incluso algunos han planteado la posibilidad de que participen no solo con derecho a voz, sino también a voto. En cualquier caso, lo importante es que este deseo de una Iglesia más cercana, donde todos tienen voz, no responde a un afán populista, sino a la necesidad de recuperar un modo originario de ser de la Iglesia: la comunidad -no la jerarquía ni la estructura- como base y sustento de la misión.

Para finalizar, como laico comprometido con nuestra iglesia. ¿Qué esperas que ocurra tras este sínodo?, ¿Cuáles te gustarían que fueran las conclusiones?

Creo que ya hay algunas expectativas sugeridas en las respuestas anteriores: profundizar en el alcance de la ministerialidad de todos los bautizados, crecer en corresponsabilidad entre laicos y clérigos, asegurar la participación efectiva de las mujeres, renovar la participación en la liturgia, recuperar el discernimiento comunitario como pilar de la Iglesia. Agregaría también el abrir decididamente las puertas a una inclusión pastoral plena de personas discriminadas, por ejemplo, por su identidad sexual. De hecho, el lema del sínodo es “ensancha tu tienda”, que invita a una Iglesia donde todos tienen cabida. Es evidente que, guiado por el Espíritu, el proceso sinodal reconoce un llamado de Dios a avanzar en diversos cambios, que no serán fáciles de implementar. Habrá resistencias. No tengo una esperanza ingenua en ese sentido. Creo que después del sínodo vendrá un trabajo muy arduo, en algunos casos, de reforma. Y necesitaremos mucho coraje y compromiso. Por lo pronto, esperemos que las conclusiones de la asamblea en Roma ojalá mantengan la fuerza profética que ha estado presente en todo el proceso previo.

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