16/07/2024
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Sor Josefina y el rol de las religiosas: “Somos el corazón, el alma y la custodia de la Iglesia”

En el marco de una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer, conversamos con la religiosa ursulina, quien es reconocida por sus talleres de espiritualidad. Aquí conversamos sobre el rol de la mujer en la Iglesia, el aporte

En el marco de una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer, conversamos con la religiosa ursulina, quien es reconocida por sus talleres de espiritualidad. Aquí conversamos sobre el rol de la mujer en la Iglesia, el aporte y desafíos de las religiosas en Chile, entre otros temas.El lenguaje del amor, la mirada transparente, la escucha atenta, el silencio personal para darle espacio al otro, la transmisión de la fe y del lenguaje espiritual, es tarea nuestra”, explica. 

  • ¿Cómo ves el rol de la mujer hoy en la iglesia y su evolución?
    El papa Francisco ha hecho un empeño enorme en darle más espacios reales y concretos al trabajo de la mujer y de las religiosas en la Iglesia. Nos ha hecho más visibles, pero creo que la mayor parte de nosotras, no lo necesitamos. Siempre hemos sido menos visibles, pero más efectivas. Somos las que sostenemos mucho de la Iglesia. Las mujeres desde el inicio somos las que hemos “acompañado a Jesús” como dice el Evangelio y las que hemos hecho de madres, hermanas, consejeras, cuidadoras de la vida eclesial. Ha habido evolución en el trato y posicionamiento de la mujer en los últimos 20 años. Desde este siglo se han ido descubriendo los tesoros de las mujeres místicas, como Hildegarda de Bingen, Juliana de Norwich, Margarita Porete, sor Juana Inés de la Cruz, más contemporánea Madelene Delbrel y hasta de las mujeres judías como Etty Hillesum, que tienen un tesoro espiritual enorme que recién hace unos 20 años sale a la luz. Se están escuchando nombres de las “Ammas” o Madres del desierto, no solo los Padres del desierto. Madres como Sinclética, Beatriz, Macrina, Teodora, mujeres que nos tienen mucho que decir hoy.
  • ¿Cuál crees que es el principal aporte de las religiosas al Chile de hoy?
    Creo que estamos llamada a ser lo que somos, mujeres enamoradas de Jesucristo y de su Evangelio. Mujeres que estamos fascinadas por Cristo y en esa fascinación fascinamos a otros. No sé si tiene que ser un aporte distinto al que ha debido ser siempre… La vida religiosa ha sido la que ha creado espacios para cuidar: educación, catequesis de sacramentos en niños y jóvenes, centros de ayuda a niños vulnerables, hospitales, asilos de ancianos, cuidado y rehabilitación de adicciones. Lo hemos hecho desde siempre y ahora seguimos haciéndolo aunque no seamos tantas en número. Creo que como lo hemos hecho hace muchos años, somos el corazón, el alma y la custodia de la Iglesia. No solo de Chile, sino que para todos y en todos. El lenguaje del amor, la mirada transparente, la escucha atenta, el silencio personal para darle espacio al otro, la transmisión de la fe, del lenguaje espiritual, es tarea nuestra.
  • ¿Cuáles son sus principales desafíos?
    Creo que tenemos que transparentar la belleza y la suavidad de Cristo. Que es lo mismo que decir la belleza, la suavidad y la alegría del Amor. Con esto no estoy negando el sufrimiento, el quiebre, la falta de confianza y la fractura que hemos vivido como Iglesia de Chile, sino que podemos acompañar con nuestro modo de ser consagradas a acercar brechas, a poner puentes. Así somos las mujeres, no solo las mujeres religiosas. Somos las que buscamos la unidad, pero tenemos que hacerlo en la verdad, con honestidad sin dejar de mirar el Rostro amoroso de Cristo. Pienso que podemos ser mujeres que hacemos de canal, de puente, de “acequia” para que se transite hasta el encuentro con Jesús. Este tránsito hacia Jesús puede que venga con dolor, con sufrimiento, con indiferencia, con rabia, pero podemos ser nosotras, como mujeres, las que acompañamos a transitar esa oscuridad. Es como el camino de dar a luz, podemos ser “parteras” del espíritu, para que los otros, las comunidades, las personas, los jóvenes, nazcan a la Vida del Espíritu, a la vida de unión con Cristo, en la Iglesia.
  • Realizas charlas de espiritualidad con mucho éxito ¿por qué crees que la mirada de una religiosa resulta tan interesante?
    No sé por qué. Siento que no digo nada nuevo, todo lo que expongo lo digo desde el corazón. Busco siempre hacer vida lo que leo, lo que estudio. Tal vez es interesante y novedoso porque mucho de lo que comparto ha pasado por mi experiencia de vida. No lo digo desde “una cátedra, o desde mi escritorio”, sino que desde la vida real. Soy mujer, tengo que preocuparme de cosas muy reales como compras, pagar cuentas, hacer trámites, cocinar, limpiar. Además, soy un poco artista, lo que me lleva a ser sensible, observadora, muy intuitiva. Soy muy humana y creo que soy una buscadora de todos los recovecos de mi alma. Quiero conocer mi propia geografía interior, con todo lo que me pasa y desde donde me pasa, para entenderme y para poner la luz del Señor en eso. Busco espacios reales de silencio y de oración contemplativa. Eso trato de transmitir, cuidando siempre que sea sin autorreferencia, sin mucho ego. Tal vez eso es atractivo. He ido aprendiendo a leer la vida y transformarla en vida espiritual. Tengo el anhelo de trasmitir que todos podemos vivir una vida interior profunda, que está mas allá de lo que nos imaginamos y que solo necesitamos darnos el espacio para descubrirla.  
  • ¿Cómo desde la fe podemos aportar a una mayor equidad de género?
    Creo que Jesús nunca fue ni feminista ni machista. Vivió como hijo de su tiempo y como hombre del siglo primero quiso poner la dignidad de toda persona humana en primer lugar. Pienso que tenemos que volver al origen de nuestra creación como seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, con un valor infinito, sin distinción ni sobreposición de unos sobre otros.
  • ¿Cómo ve a las mujeres jóvenes hoy?
    Las veo corriendo para ser excelentes mamás, esposas, empresarias o trabajadoras. Veo que quieren a sus amigas, veo que se apoyan, se acompañan, que se cuidan y cuidan de otros. Las mujeres de hoy las siento emprendedoras, con mucha fuerza, con ganas de hacer cambios y de construir espacios más acogedores, más dignos y dialogantes. También las veo que con una necesidad enorme de ser amadas, reconocidas, aceptadas tal como son, sin juicio, sin una expectativa externa, sin una meta que lograr. Veo que quieren ser abrazadas por el amor que solo ama, que espera y que da tiempo. Pienso que aquello que buscamos más ardientemente es porque hay un deseo en nuestro interior que no está satisfecho y que creemos que afuera está la solución o la respuesta. Estoy convencida que el Señor está a la puerta llamando, esperando que le abramos y que cuando lo hagamos, entrará a nuestra casa, cenará con nosotros y se quedará dentro. Esa experiencia colma todas las demás. Y no tenemos que salir a buscar fuera lo que está dentro. Es una invitación muy sutil, muy suave y silenciosa… que requiere nuestro silencio para escucharla.
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