23/06/2024
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“Todo lo que las escuelas han aprendido debe ser puesto al servicio de un desarrollo más pleno de la persona”

Analizamos junto al Consultor en educación y vocero de Voces Católicas, Jorge Blake, lo que dejó un complejo 2020 para el mundo escolar y también las oportunidades que abrió. Las preocupantes brechas de desigualdad y

Analizamos junto al Consultor en educación y vocero de Voces Católicas, Jorge Blake, lo que dejó un complejo 2020 para el mundo escolar y también las oportunidades que abrió. Las preocupantes brechas de desigualdad y la necesidad de enfocarnos en el ser humano parecen ser los principales objetivos para los próximos años. 

¿Cómo viste el año 2020 desde el punto de vista de colegios, alumnos y apoderados?

A grandes rasgos la pandemia impuso dos grandes desafíos. Uno, dar continuidad a los aprendizajes a pesar de las clases a distancia y el otro, el cuidado del bienestar emocional de las familias y estudiantes. Las escuelas respondieron de forma muy desigual, en un sistema educativo que es desigual. Donde hay escuelas que tienen mucho acceso a tecnología, lo que les permitió responder bien y transformar todas las clases en clases virtuales, pero donde hubo otras para la que eso era algo impensable. Impensable porque no hay acceso a internet, porque no hay equipos para conectarse, porque los mismos profesores no tenían el conocimiento necesario para poder adaptar sus clases.

¿Y cómo se vio esa desigualdad en el aspecto afectivo? 

Hubo escuelas que no pudieron acompañar a sus alumnos. Hay una labor heróica que se hizo en muchas escuelas rurales, de profesores que visitaron a sus estudiantes, recorriendo grandes distancias, solamente para mantener el contacto para no romper el vínculo pedagógico que es tan importante. La respuesta varió mucho dependiendo del contexto, urbano o rural, contextos de colegios con muchos recursos o vulnerables. 

¿Cómo viste la respuesta del Estado ante esta crisis?

Creo que la respuesta del Estado y del gobierno quizás tuvo altos y bajos también. En un principio no dialogó lo suficiente con los profesores, y ha habido varios gestos políticos desafortunados donde no se ha valorado su enorme trabajo y esfuerzo en un contexto de trabajo a distancia. Tampoco se ha comprendido el miedo razonable de los profesores a volver al trabajo presencial. Hoy estamos justo en esa contingencia, tenemos a varios actores que han señalado que pedirle un regreso a masivo a los profesores en un contexto en que las vacunas recién están en la primera dosis es complejo. Entonces te diría que fue un año muy difícil para la educación, que se constataron las desigualdades que ya conocemos y que el gobierno tuvo en el diálogo con los docentes un desempeño que pudo ser bastante más empático, dialogante y sensible. 

¿Cómo ves la posibilidad de volver a las clases presenciales?

Se ha señalado harto que hay evidencia a favor de que cuando los protocolos se cumplen, las escuelas no son focos de contagio. En los meses de noviembre y diciembre del año pasado hubo colegios que volvieron a las clases presenciales en modalidades flexibles. Muchas escuelas van a volver en ese formato y así es viable. Esto de todas formas no suprime la legítima aprehensión que un profesor puede sentir. Y eso es algo con lo que los directores de los colegios tendrán que lidiar. Quizás hay que cuidar más a los profesores mayores, si está la posibilidad de clases presenciales y online, privilegiar que los profesores mayores hagan en el formato online y retrasen el regreso a las clases físicas. Estas son cosas que tiene que resolver cada escuela, no son temas que se resuelvan desde el ministerio. Con harto diálogo, comprensión y empatía, creo que es posible el regreso a clases gradual. Y consideremos que la totalidad de los profesores estarán vacunados el 5 de abril. Igual será un proceso largo.

Ahora desde la perspectiva de alumnos y familias, parece relevante el regreso a las clases presenciales. 

Es fundamental volver a las clases presenciales en algunos contextos más que en otros, en el sentido que hay comunas más vulnerables donde el vínculo con la escuela se disolvió por completo, donde casi hay una desescolarización en la trayectoria educativa. En esos casos hay una urgencia en restablecer el vínculo, lo que sólo va a ocurrir en la medida que el chiquillo asista a la escuela. No hay otro modo de sostenerlo. Ahí es urgente retomar las clases presenciales. En otros casos los alumnos siguieron aprendiendo a través de la pantalla y ahí uno podría decir que no es tan urgente. Tendrá ganancias a nivel de convivencia, a nivel emocional por volver. Pero diría que en los que perdieron su vínculo con la escuela es fundamental que puedan regresar. Además hay que considerar que hay familias con padre y madre trabajadores, otras que sólo tienen al padre, o sólo a la madre y que no tienen cómo compatibilizar el cuidado de los hijos con el trabajo. Es decir, es muy necesario que las escuelas retomen su rol de espacio de desarrollo diario de niños y niñas. 

También hay una diferencia en esta urgencia que pasa por las edades de los niños o adolescentes. Es diferente la urgencia para una familia que tiene un hijo de 5 años a otra que tiene a uno de 15.  

A mayor edad son más autónomos. Es cierto que los primeros años de la vida escolar son especialmente demandantes para los padres. De hecho una experiencia característica del año pasado fue padres y madres con hijos de entre 3 y 5 años muy sobrepasados porque para responder a las exigencias de la escuela había que estar muy presente en las tareas, hacer actividades, conectar al niño a las pantallas en el caso que hubieran clases sincrónicas. Entonces los padres asumieron una tarea que típicamente estaba radicada en la escuela y se llevaron el peso en un año especialmente estresante. El desafío varía según la edad, pero tampoco habría que subestimar la importancia de que un chico de 15 años pueda tener su convivencia presencial que ha sido la normalidad. La cotidianidad, estar con los compañeros en espacios donde desarrolla sus habilidades sociales. Te diría que cada edad tiene su objetivo de desarrollo, que queda parcial si no tiene una experiencia escolar completa, independiente del nivel de autonomía de la persona. En todas las edades hay algo que se pierde cuando no es posible estar presente en las escuelas.

Esto ha sido una oportunidad también para crecer y a adaptar el mundo escolar a lo digital

Me gusta poner este ejemplo: La torre Eiffel era una construcción que se pensó como temporal para una exhibición, pero terminó quedándose de forma permanente y transformándose en un ícono de la cultura humana. Pongo ese ejemplo porque hay capacidad que se instaló reactivamente por las necesidades de la pandemia, pero que ahora quedó y va a permanecer. Había colegios que tenían una página web por cumplir, sin una funcionalidad. Pero durante la pandemia muchas escuelas dijeron, nuestra página web tiene que estar operativa, tiene que ser un medio eficiente para entregar información y se actualizaron en ese sentido. Esa actualización, el aprendizaje quedó. La palabra oportunidad tiene pleno sentido para saber qué vamos a hacer de aquí en adelante con esa capacidad instalada. Por ejemplo, el aprendizaje de los docentes en nuevas plataformas como Menti y Kahoot, aplicaciones que permiten interactuar con los alumnos. Entonces es muy posible que los profesores sigan ocupándolos una vez que volvamos a las clases presenciales. La pandemia forzó una tecnologización básica en algunos casos, más avanzada en otros. No sería raro que en el futuro avancemos a una jornada escolar con un porcentaje de la jornada virtual. 

¿Cómo se orienta esa nueva capacidad instalada?

El punto central debe ser entender que todo debe ser un medio para el desarrollo integral, no solamente para el aprendizaje de contenidos, sino que enfocados al desarrollo de la persona. Todo lo que las escuelas han aprendido, lo que los profesores han aprendido, toda la inversión que se ha hecho en tecnología, debe ser puesto al servicio de un desarrollo más pleno de la persona: Del despliegue de su talento, un desarrollo íntegro y no sólo el intelectual, considerando también el área afectiva, física artística. Creo que si las escuelas y la política educativa se orientan a ese fin, esto puede ser una tremenda oportunidad para que la educación avance a la innovación, a mayor eficiencia de los recursos, a un currículum más diversificado y que exprese una pedagogía activa, donde el estudiante es protagonista de su aprendizaje. Esa tendencia es una tendencia mundial y creo que la pandemia puede haber ayudado a que los profesores vean que es posible un tipo de clase muy diferente a la habitual. Yo espero que esto sea un efecto permanente y que esta capacidad instalada siga dando frutos. 

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