“Vivo constantemente en intimidad con Dios” escribió Etty en sus diarios, que comenzaron como un ejercicio para sacar a la incipiente escritora a los 27 años y que a medio camino se encontraron con la barbarie del holocausto. Sin buscarlo Hillesum escribió en primera persona el sufrimiento del exterminio nazi y al mismo tiempo el goce del encuentro íntimo con Dios.
Es el diario de una transformación, o de múltiples transformaciones. Por un lado está la transformación de Europa en un continente lúgubre y por otro lado está su propia transformación en una creyente que da testimonio de su encuentro con Dios y que ilumina a otros seres humanos que sufrían con ella.
Mientras estuvo trabajando en el Consejo Hebraico, una institución que actuaba como puente entre nazis y judíos, logró mantenerse a salvo. En ese tiempo fue enfermera voluntaria y entregó correspondencia de la resistencia de manera clandestina. Sin embargo, a medida que la persecusión hacia los judíos se fue intensificando en los Países Bajos, Etty entendió que no había forma de huir y decidió no aceptar escondites. Al contrario, se entregó con su familia en junio de 1943.
Pasó 3 meses en prisión, donde siguió intensificando su crecimiento personal en base a la oración, la meditación y al encuentro con Dios. Pero ¿cómo es posible hacerlo en medio de la muerte y el horror? Así lo explica el filósofo Manuel Reyes Mate en la columna dedicada a los diarios de Etty para el Diario El País de España: “Para calibrar el daño del régimen hitleriano no hay que mirar sólo lo que pasa en los campos de concentración o de exterminio porque «toda Europa se va transformando en un gigantesco campo de concentración». Adelantándose a lo que ahora dice Giorgio Agamben, ella ya veía que «todo es campo». Y si todo es campo no hay un lugar exterior en el que refugiarse, de ahí la necesidad de organizar la resistencia interior”.
Esa resistencia interior se hizo cada vez más fuerte, incluso con la intensificación de las hostilidades y atropellos al pueblo judío: “Las amenazas y el terror crecen día a día. Me cobijo en torno a la oración como un muro oscuro que ofrece reparo, me refugio en la oración como si fuera la celda de un convento; ni salgo, tan recogida, concentrada y fuerte estoy. Este retirarme en la celda cerrada de la oración, se vuelve para mí una realidad siempre más grande, y también un hecho siempre más objetivo. La concentración interna construye altos muros entre los cuales me reencuentro yo misma y mi totalidad, lejos de todas las distracciones. Y podré imaginarme un tiempo en el cual estaré arrodillada por días y días, hasta no sentir los muros alrededor, lo que me impedirá destruirme, perderme y arruinarme”.
El último escrito de Etty Hillesum tiene como fecha el 7 de septiembre de 1943, en él da cuenta de haber sido incluida dentro del grupo de personas que es trasladada al campo de concentración de Auschwitz. En noviembre de ese año Etty es asesinada por el régimen nazi. Meses antes ya habían matado a sus padres y a uno de sus hermanos.
Sus escritos fueron publicados en 1981 bajo el título de “Una vida conmocionada” y su testimonio logra trascender países, religiones y posiciones políticas. Una fundación lleva su nombre en Colombia, su ejemplo es guía para judíos, católicos y para cualquiera que esté en búsqueda de una conexión espiritual. Una mujer notable que murió en el anonimato a los 29 años.

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