28/10/2020
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Columna Pablo Vidal: Más que alimentos, más que una caja

Al igual que muchos trabajadores voluntarios y empresas, me sumé al llamado a colaborar entregando cajas de alimentos a miles de familias de nuestro país. Lo hice gracias a la invitación de una empresa cuyo propósito es “alimentar

Al igual que muchos trabajadores voluntarios y empresas, me sumé al llamado a colaborar entregando cajas de alimentos a miles de familias de nuestro país. Lo hice gracias a la invitación de una empresa cuyo propósito es “alimentar lo bueno de la vida todos los días”, pero también lo hice por las ganas de actuar concretamente para paliar de alguna forma, las consecuencias sociales y económicas que nos ha legado esta pandemia sanitaria.

Sin embargo en el recorrido fui comprendiendo que los desafíos sociales, económicos y ambientales de Chile son mucho más profundos que la necesaria mercadería que estamos repartiendo, y que si buscamos una recuperación sostenible deberemos incluir en esta caja mucho más que alimentos.

Iniciando el trayecto encontramos una casa que nos mostró la realidad de las familias de acogida. Era una mujer mayor, de pocos recursos, que asumió la tuición de sus tres nietas para evitar que lleguen al Sename y que a pesar de sus carencias asumió el desafío de entregar amor a esas niñas. Ella agradeció emocionada la entrega (también nosotros), pero me recordó la urgencia de que en nuestra caja incluyamos un sistema de protección social más robusto, solidario y dónde la dignidad de las personas, especialmente los niños, esté primero.

Kilómetros más adelante llegamos a un campamento, en donde entregamos otra caja. Esta vez los beneficiarios eran un matrimonio. Ella nos recibió sorprendida, él no estaba presente pues fue en ayuda de una pariente, específicamente para reparar el techo de su casa que sin su ayuda se “llovería” frente a las precipitaciones que se pronosticaban por esos días.

Esta imagen me advirtió la urgencia de incluir en nuestra caja mejores condiciones de vida y habitación, ecosistemas limpios, más áreas verdes públicas  además de rescatar la colaboración, el trabajo conjunto y la co-creación como un método más efectivo de desarrollo.

El día fue avanzando y las cajas iban llegando a diferentes lugares. Hasta llegar al hogar donde habitaba un emprendedor informal que a causa del coronavirus había perdido su fuente laboral desde hace 3 meses. Pero él no estaba apenado, más bien estaba ocupado y nos compartió con orgullo que, en una semana más comenzaría a trabajar en el área logística en una comuna de la zona norte de Santiago, zona que distaba mucho del lugar donde habitaba.

Fue imposible evitar pensar lo importante que es incluir en nuestra caja nuevos modelos económicos, más circulares, diversos e inclusivos; que promuevan el trabajo decente y salarios justos, que favorezcan el emprendimiento, el crecimiento laboral y la conciliación trabajo familia.

Ese día repartimos una veintena de cajas, las que en su mayoría llegaron en un muy buen momento a esas familias. Pero sin saberlo, cada persona que recibió esta caja, nos regaló la oportunidad de reflexionar sobre la reactivación y retorno sostenible que debemos ir planeando además de un “Qué Dios los bendiga” que tal vez es el último ingrediente que me gustaría incluir en nuestra caja.

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