04/08/2021
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Claudio Alvarado: “La Iglesia puede seguir siendo un punto de encuentro”

Claudio Alvarado es director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad, también es abogado, columnista y profesor universitario. Pero sobre todo es un gran analista político. Por eso y porque participó en el comité

Claudio Alvarado es director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad, también es abogado, columnista y profesor universitario. Pero sobre todo es un gran analista político. Por eso y porque participó en el comité editorial de la iniciativa Nuestra Mesa es que decidimos conversar con él sobre el momento político y social que está viviendo Chile. 

¿Cómo viste el inicio de la Convención Constitucional?

Me parece que puso de manifiesto la fragilidad del proceso que estamos viviendo a nivel país. Una buena manera de resumir esas tensiones que se están viviendo es confrontar dos tipos de actitudes. Por un lado lo que se vio en el manejo de la situación, la solemnidad, en la altura de miras de Carmen Gloria Valladares, la secretaria relatora del Tricel y cómo fue capaz de manejar una situación adversa. Y por otro lado contrastar eso con lo que observamos en un elenco no mayoritario, pero sí importante de convencionales constituyentes que me parece que no son plenamente conscientes de la fragilidad del momento actual. Entonces creo que el balance es preocupante, no necesariamente es que va a salir todo mal, pero sí preocupante porque la predisposición que vimos en Carmen Gloria Valladares no fue lo que predominó entre los convencionales. En resumen, creo que para que el proceso resulte necesitamos que predomine lo que mostró Carmen Gloria Valladares.

Y pensando en que este proceso funcionará ¿Qué temas te parecen relevantes y que tienen que estar en la discusión?

Hay un gran tema que es fundamental y que no siempre se habla y que tiene que ver con el funcionamiento del sistema político. Me parece que esto es importante resaltarlo porque es un tema que guarda relación con el propósito central de una constitución que es organizar y distribuir el poder político, el poder del Estado para limitarlo y hacerlo eficaz. Además este tema es importante porque da la impresión que una parte importante del malestar que subyace a la crisis que explota el 18 de octubre de 2019 tiene que ver efectivamente con un sistema político ineficaz que no ha sido capaz de procesar a tiempo las demandas y necesidades ciudadanas. Entonces si queremos que eso cambie necesitamos que el sistema político se destrabe, que se termine con el bloqueo, con la fragmentación del Congreso. Ahí un sistema político adecuado puede ayudar mucho, sobre todo para satisfacer los derechos que van a estar escritos ahí (en la Constitución) y de los que sí se habla mucho.  

¿Hay algún otro tema que te parezca importante que esté presente?

Sí, lo otro que agregaría como un segundo tema que no tiene que ver tanto con contenidos, sino que con el modo en que se lleva a cabo esta tarea. Para que el proceso resulte y para que sirva para rehabilitar la política, el diálogo y los acuerdos, los convencionales tienen que mostrar una actitud acorde a esos ideales y propósitos. Cualquiera sea el contenido que discutamos va a ser muy importante que los convencionales estén a la altura de las circunstancias. 

Cuando hablas del sistema político entiendo que no te es indiferente el sistema político que salga de la Convención. Cuando dices que esperas que sea más eficiente ¿En qué sistema estás pensando?

Esta es mi posición en el debate. Lo primero que tenemos que pensar o evaluar es que los cambios que hagamos en esta materia tienen que hacerse cargo de la crisis que explotó en octubre de 2019. Y me parece que una nota distintiva de esa crisis en su dimensión pacífica fue la crítica respecto a las distintas élites y sobre todo de las élites partidistas. Ahí surge un primer rasgo del tipo de sistema que deberíamos tener. Entonces las reformas deben hacerse cargo de esa crítica y que ayuden a disminuir la brecha entre ciudadanía y política. 

¿Y cómo se hace eso?  

Aquí hay demandas por mayor participación y ahí puede jugar un rol muy importante darle más importancia a los plebiscitos comunales. Otro tema importante es que si queremos acercar la política a la ciudadanía creo que es fundamental que los ciudadanos sigan eligiendo a su jefe de gobierno porque si transitamos a fórmulas semipresidenciales o fórmulas parlamentarias eso implica que el jefe de gobierno deja de ser electo por los ciudadanos en sufragio universal. Creo que sería muy contraintuitivo en las circunstancias actuales, en el escepticismo hacia las élites partidarias, que le quitemos la elección del jefe de gobierno a la ciudadanía y se lo traspasemos a las cúpulas partidarias. Entonces, creo que los cambios al sistema político no pasan por cambiar el presidencialismo, sino más bien por reformarlo, por hacer que tengamos un régimen presidencial, o sea que la ciudadanía elige a un presidente de la República que es jefe de gobierno y jefe de Estado. Pero al mismo tiempo por reformar ese presidencialismo, de modo tal que tengamos un presidencialismo eficaz: Con mayorías parlamentarias, que pueda impulsar su programa y que no le pase lo que le pasó a la Presidenta Bachelet al final de su mandato, como actualmente a Sebastián Piñera que se ven dificultados de llevar adelante reformas emblemáticas. 

Tú hablabas del espíritu del 18 de octubre. Ese espíritu también interpela a la Iglesia Católica. En ese contexto cuál crees tú que puede ser la voz de los católicos en esta discusión del país futuro. 

Es indudable que la crisis que vive el país tiene que ver con la pérdida de confianza en muchas instituciones. Eso incluye a la Iglesia. Hay otros períodos de la historia reciente, muy complicados, donde el país ha experimentado severas dificultades en los que la Iglesia jugó un papel fundamental. Sin ir más lejos basta pensar lo que ocurrió antes del regreso de la democracia y el papel que jugó la Iglesia ahí. Lo segundo que diría es que del hecho que las instituciones estén en crisis no se sigue que estas instituciones se queden de brazos cruzados. Al contrario, yo esperaría estas instituciones se fortalecieran y de salieran adelante en base en parte a seguir aportando. 

Un ejemplo de eso es Nuestra Mesa

Lo que se hizo en Nuestra Mesa es muy valioso, es una demostración de que la Iglesia puede seguir siendo un punto de encuentro. En Nuestra Mesa nos reunimos personas de distintas visiones políticas y ahí hay un primer aporte: La transversalidad de la Iglesia. La crisis de octubre también puede ser leída como una crisis de sentido y ahí se puede aportar mucho desde ser comunidad de creyentes y de lo que inspira la fe y la vida de Jesucristo. En este marco los católicos pueden aportar desde su identidad a la discusión constitucional porque el mensaje cristiano parte de la base que dialogando y escuchándonos podemos acercarnos a la verdad y al bien común. Se puede aportar desde ahí, reivindicando el diálogo. 

Para terminar ¿Cómo te gustaría que fuera Chile en 20 años más? 

Tenemos que asumir que estas crisis, con este remezón que vivió Chile, son de largo aliento. Tendremos un período de inestabilidad, de fricciones. Yo creo que hay que asumirlo como un dato de la causa. Será un tiempo difícil, largo y hay que asumirlo. Ahora yo espero que predomine el diálogo, el respeto a la institucionalidad, el genuino propósito de canalizar esta crisis de la mejor manera posible y eso parte por el respeto al estado de derecho y a las reglas, pero también con que los actores políticos sean capaces de dibujar narrativas y soluciones a las problemáticas que son reales. Yo espero que los distintos poderes sean capaces de trabajar en soluciones y hacerlo respetando posiciones ajenas, en diálogo y con respeto al Estado de Derecho. 

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