12/08/2022
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Patricia Olivares, médico y laica consagrada de Schoenstatt: “Todo lo creado son medios que Dios utiliza para que lo conozcamos y lleguemos a Él”

“Schoenstatt es un movimiento católico que agrupa, bajo una misma espiritualidad, a personas de todos los estados de vida y todas las edades”, explica Patricia Olivares, médico internista y laica consagrada en la Comunidad de

“Schoenstatt es un movimiento católico que agrupa, bajo una misma espiritualidad, a personas de todos los estados de vida y todas las edades”, explica Patricia Olivares, médico internista y laica consagrada en la Comunidad de las Hermanas de María de Schoenstatt, desde 1999. 

Este movimiento católico surgió en 1914, en una pequeña localidad en Alemania llamada Schoenstatt, que significa “lugar hermoso”. El fundador de este movimiento es el sacerdote José Kentenich, quien junto a un grupo de jóvenes entregaron su vida a la Santísima Virgen en una pequeña capilla que había sido restaurada por ellos, para que Ella se estableciera ahí y los pudiera usar como sus “colaboradores”, tratándose de un compromiso mutuo que se conoce actualmente como la “Alianza de Amor” con la Santísima Virgen. “Esa pequeña capilla se transformó por la presencia espiritual de la Virgen en el “Santuario de Schoenstatt”, que se construye exactamente igual en todo el mundo”, cuenta Patricia.


¿Cómo conociste el movimiento? 
En mi último año de colegio estaba inquieta, quería participar en algún grupo de jóvenes y fui a conversar con un sacerdote de mi parroquia. Era la primera vez que hacía algo así, ni siquiera conocía a ese sacerdote y nunca volví a conversar con él. Él me puso en contacto con un grupo de Schoenstatt. Llegué casi por casualidad.  


 ¿Cómo contribuyes a que el movimiento crezca?
El movimiento crece en número por las personas que sellan su Alianza de Amor con la Virgen, aunque de algún modo, Schoenstatt está presente en cualquiera que reconozca la presencia y actuación de la Virgen en el Santuario. Espiritualmente, Schoenstatt permanece vivo y se desarrolla por la entrega de cada persona; entrega que se hace plástica por medio de una expresión, el “Capital de Gracia”, que consiste en regalar a la Virgen conscientemente los sacrificios y esfuerzos, pero también las alegrías, la gratitud, los éxitos. En sus manos, todo eso que le regalamos, Ella lo utiliza para que el Santuario sea un lugar que cobije, donde nos experimentamos queridos y aceptados así como somos, un lugar donde se realizan milagros de transformación, sobre todo interior, donde aprendemos a amar y que esa experiencia sea fuente de fuerza, valentía y ardor apostólico, irradio lo que tengo dentro, mi tesoro.

En este sentido, capital de Gracia para mí es mi esfuerzo diario por realizar mi trabajo de la mejor manera posible, de sobrellevar las cosas que se me hacen difíciles, pero también, cuando las cosas salen bien, elevar la mirada y reconocer al Dios Padre que nos regala su amor a raudales. Es todo lo que hago por creer, por confiar, por amar. 

¿Cómo es la vida de un Schoenstattiano?
Creo que nuestra vida se resume en el ir creciendo, en permanecer bajo la mirada de Dios, en caminar, ya aquí en la tierra, como en el cielo. No porque nos “salgamos del mundo”, no porque nos aislemos, sino por la forma de vida. Creemos que la Providencia de Dios nos conduce en todas las circunstancias, procuramos tener esa fe ‘práctica’, aterrizada. También creemos que las personas, la naturaleza, las ideas, los lugares, todo lo creado son medios, vínculos que Dios utiliza para que lo conozcamos y lleguemos a Él. 

Siempre me ha impresionado una afirmación de uno de esos primeros chiquillos que hizo su Alianza de Amor en los inicios de Schoenstatt. Se llamaba José Engling y tuvo que partir a la guerra siendo un adolescente. Él comentaba al final de su vida en el campo de batalla, que ya casi no escuchaba las balas que le rozaban los oídos, porque estaba siempre en el corazón de la Virgen. De algún modo, la vida de un schoenstattiano se desarrolla en la medida que ese Santuario de cemento, ese Santuario material y exterior se va haciendo cada vez más un Santuario interior, un Santuario del corazón, en el que la Virgen está igual de presente que en el Santuario-edificio.


¿Qué tipo de compromiso tienes con el movimiento?
Soy Hermana de María de Schoenstatt, que es una de las Comunidades de vida consagrada en Schoenstatt. Como mujer, quiero como María llevar a Cristo a las personas. 


¿Qué tipo de actividades desarrollan?
Schoenstatt es, sobre todo, un movimiento de educación. Pero no de una educación que se recibe y cada uno queda contento consigo mismo, sino uno se educa para servir mejor, para servir a otros. Debido a la gran heterogeneidad de formas de vida dentro del Movimiento, en realidad, cualquier actividad cabe. Incluso existe algo llamado el “apostolado de los enfermos”. En este apostolado se reconoce que quienes pueden estar postrados en una cama sin poder realizar exteriormente casi nada, sin embargo, pueden aportar al Capital de Gracia y con ello colaborar activamente con María y Jesús en la Redención. 


¿Cómo viven su fe?
Vivimos nuestra fe desde la perspectiva de la infancia espiritual, la filialidad. Es, como Cristo, buscar en todo lo que Dios quiere y tratar de realizarlo, por amor. Quizás, para entender mejor esta expresión sea más conocida la vida de Santa Teresita de Lisieux, una santa carmelita, la tercera mujer en ser declarada doctora de la Iglesia. En un momento de su vida ella se pregunta cómo expresar su amor a Dios: “por hechos”, se responde. Pero se siente incapaz de grandes obras y entonces se vuelve a lo pequeño: cada palabra, cada mirada, en hacer por amor hasta lo más ínfimo. El Fundador de Schoenstatt llama a esto “santidad de la vida diaria” por la que cada acto se hace grande y puede llegar a tener un valor infinito, porque se asocia a la entrega de Cristo.

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