28/02/2024
Home / Actualidad  / Cristiano: ¿quo vadis?

Cristiano: ¿quo vadis?

Participar en “Nuestra Mesa: diálogos por Chile” fue un ejercicio intelectual y existencial revitalizante, pues más allá del fructífero intercambio de ideas, hicimos una tregua con ese homo faber que

Participar en “Nuestra Mesa: diálogos por Chile” fue un ejercicio intelectual y existencial revitalizante, pues más allá del fructífero intercambio de ideas, hicimos una tregua con ese homo faber que todos llevamos dentro, destinando varias horas al diálogo que por definición es gratuito. Fue, además, una luz de esperanza entre tanta tiniebla, pues nuestro país necesita recuperar su ‘alma’. En efecto, hemos ido peu a peu corroyendo las vigas maestras de una sana convivencia social, política y económica.

Hace rato ya perdimos la autoridad. Hijos que ya no obedecen a sus padres, estudiantes/clientes que no respetan a sus profesores, e instituciones carentes de credibilidad pueblan el paisaje nacional. Perdimos la amistad cívica. Entonces, la política —la más noble actividad humana en la búsqueda del bien común—, cedió a la lógica amigo/enemigo, la sociedad se dividió entre buenos y malos, progresistas y retrógrados; nos fragmentamos. También perdimos la austeridad. No logró escapar a las fauces de la triada: individualismo/consumismo/materialismo.

¿Hacia dónde vamos los cristianos en este cambio de época? No lo sé, pero sí sé que tenemos ante nosotros un gran desafío: recuperar el alma de Chile. Esperamos que la semilla esparcida en nuestros diálogos por Chile caiga en tierra fértil. Pero no basta con sembrar, debemos, además, acompañar el proceso de germinación con inteligencia y prudencia, con el agua viva de la fe, la esperanza y la caridad; dicho de otro modo, con el bien, la verdad y la belleza. Lo demás es añadidura.

«Es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras sin asco, sin miedo”, nos decía el Papa Francisco. Sin embargo, ¿los laicos conocemos realmente el Evangelio?, ¿conocemos la voz de nuestros pastores?, ¿leemos las Encíclicas sociales? “No ignoro que hoy los documentos no despiertan el mismo interés que en otras épocas, y son rápidamente olvidados”, responde lapidariamente el Papa Francisco. Entonces, si no conocemos la Buena Nueva, ¿qué vamos a anunciar?

A mi juicio, nuestra actual realidad social, política y económica nos sitúa ante tres grandes desafíos. El primero es de orden intelectual y se traduce en conocer, comprender y profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia. El segundo, que es de orden moral, nos llama a ser coherentes y vivir conforme a nuestros principios. La Doctrina Social de la Iglesia nos pide ejemplo y testimonio. El tercer desafío, que podemos llamar político, nos invita a pensar los grandes problemas del país a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y a ofrecer buenas y nuevas soluciones a viejos problemas, como la pobreza y la desigualdad, y otros más recientes, pero no menos graves, como la violencia y los atentados a la vida. No solo tenemos el derecho a proponer nuestras ideas y soluciones al país; además, tenemos el deber de hacerlo. No olvidemos que “los judíos piden señales y los griegos buscan saber, nosotros predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos” (1 Cor 1, 22-23).

Por: Eugenio Yáñez, filósofo y vocero de Voces Católica

Comparte