Cada primero de noviembre conmemoramos el “Día de Todos los Santos”, fiesta solemne dedicada a todos los difuntos que se han santificado totalmente y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.
Esta fecha, en la que honramos a todos los santos de la Iglesia, se celebraba originalmente cada 13 de mayo, fecha oficializada formalmente por el Papa Bonifacio IV en el año 609, cuando dedicó el Panteón de Roma como iglesia en honor a la Virgen María y a todos los mártires.
La fecha que hoy celebramos en la actualidad como primero de noviembre, fue establecida por el papa Gregorio III durante su mandato, donde además dedicó una capilla en la Basílica de San Pedro de Roma para dar culto a los santos que antes eran honrados en los cementerios y catacumbas que habían quedado en desuso. Dicho oratorio se dedicó al “Salvador, a Santa María, a los Apóstoles, a los mártires, a los confesores y todas las almas justas”.
Desde un principio esta celebración se realizaba solamente en Roma, pero en el año 837, el Papa Gregorio IV ordenó la observancia oficial del Día de Todos los Santos para cada 1 de noviembre y además extendió la celebración para toda la Iglesia.

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