03/10/2022
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El futuro como construcción común

La aventura de la humanidad en el tiempo y espacio, lo que llamamos historia, se hace día a día, no se detiene y avanza constantemente hacia el futuro. La conciencia histórica nos aleja de temores

La aventura de la humanidad en el tiempo y espacio, lo que llamamos historia, se hace día a día, no se detiene y avanza constantemente hacia el futuro. La conciencia histórica nos aleja de temores y aprehensiones desmedidas, llevándonos a tomar distancia de “profetas de calamidades” y nos invita a dimensionar nuestras capacidades y posibilidades, haciéndonos conocer nuestros límites y errores y a hacer aprendizajes pensando en la construcción y espera del futuro. La experiencia del conocimiento histórico, elaborado con rigor crítico y voluntad de comprender el accionar humano, nos ofrece la posibilidad de actuar con discernimiento y con mayor libertad en el camino hacia el futuro y nos advierte que, en los dilemas que se presentan, el miedo es un mal consejero. Este nos limita y paraliza, nos conduce a ver amenazas y muchas veces trata de convencernos de la inevitabilidad de desgracias y calamidades, rindiéndose ante un fatalismo que deshumaniza y reduce.

En las sociedades en ocasiones se enfrentan el miedo y la esperanza, como términos opuestos, con aspectos y dimensiones contrastadas. Al peso y oscuridad del miedo, se opone la vitalidad de lo que anhelamos, su luminosidad y colorido a tono con el tamaño de nuestra esperanza de alcanzar un buen futuro. Esta visión no está reñida con el criterio de realidad, con la conciencia de las dificultades y males que nos rodean. Una aguda conciencia de la presencia de la injusticia, la miseria y otros males de la vida de la humanidad es un estímulo para pensar en otro futuro, para confiar en la esperanza de que, a pesar las dificultades y limitaciones, igual resulta posible creer en la capacidad de discernir, de cultivar el respeto y la empatía y que es posible encontrar una forma de entendimiento y comprensión recíproca.

Puestos en el dilema de repensar opciones de cambio, de visiones contrapuestas, de conflicto e intolerancia es imprescindible pensar en el cultivo de la libertad, de la solidaridad, el interés por la humanidad y el amor al prójimo. Puede ser un tiempo de audacia, de voluntad de alcanzar el futuro con conciencia de lo que queremos hacer como comunidad, de escucha de muchas voces, de notar matices y susurros, de imaginar un espacio de deliberación cargada de imaginación y creatividad. Es el momento de alejarse de los agoreros que “van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida” como dijo un hombre santo y sabio hace sesenta años al iniciar una fase de cambios importantes para la Iglesia.

La historia nos enseña que, aunque la vida puede comprenderse mirando hacia atrás, se vive hacia adelante. El amor a la vida y la humanidad, la voluntad de ser conscientes, responsables y libres y el deseo de contribuir a construir un futuro mejor, que se expresan en la virtud de la esperanza, constituyen la base sólida del esfuerzo por construir un futuro común fraternal y solidario.

Claudio Rolle, historiador UC, vocero Voces Católicas.

Fuente: La Tribuna

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